El recuerdo de una mujer irrepetible cuya huella permanece viva en el corazón de familiares, amigos y de toda Marbella.
Tal día como hoy, 1 de agosto de 2026, se cumple un año de uno de los días más tristes que he vivido. Un año desde que despedimos para siempre a Remedios del Río, después de que nos dejara el día anterior, el 31 de julio de 2025.
Parece mentira que haya transcurrido ya tanto tiempo. Sin embargo, hay personas cuya ausencia no se acostumbra jamás. Remedios pertenece a ese reducido grupo de seres humanos que dejan una huella tan profunda que el paso del tiempo no consigue borrar su recuerdo. Al contrario, lo hace todavía más grande.
Aún permanece grabado en mi memoria aquel multitudinario y emotivo funeral. El templo estaba completamente lleno. Familiares, amigos, empresarios, periodistas, artistas, vecinos… Personas de toda condición acudieron para darle el último adiós. Todos tenían un motivo para estar allí. Todos guardaban una historia, un gesto de cariño, una palabra de aliento o una muestra de generosidad recibida de Remedios. Aquella impresionante despedida fue el mejor reflejo de la vida que había sembrado: una vida entregada a los demás.
Remedios fue una mujer irrepetible. Buena en el sentido más amplio y hermoso de la palabra. Generosa sin límites, cercana, elegante, cariñosa, siempre dispuesta a tender la mano sin preguntar quién la necesitaba. Tenía el extraordinario don de hacer sentir importante a cualquier persona que se cruzara en su camino.
Su inolvidable casa de Guadalmina Baja fue durante años un lugar de encuentro donde reinaban la amistad, la hospitalidad y la alegría. Allí compartimos momentos que permanecerán para siempre en la memoria de quienes tuvimos el privilegio de vivirlos. En torno a su mesa desaparecían las diferencias. Remedios trataba con el mismo afecto a una personalidad conocida que a cualquier trabajador o vecino. Esa era su grandeza: su inmensa humanidad.
Granadina de nacimiento y marbellera por elección y por sentimiento, desarrolló una brillante trayectoria empresarial en los ámbitos de la sanidad, la farmacia y el sector inmobiliario. Pero quienes la conocimos sabemos que su mayor patrimonio nunca fueron sus éxitos profesionales, sino el cariño que supo despertar en miles de personas.
La última vez que nos abrazamos fue durante el homenaje dedicado a nuestro querido amigo José Luis Yagüe. Aquel abrazo, sincero y lleno de afecto, quedó grabado para siempre en mi corazón. Nunca imaginé que sería el último.
Estoy convencido de que allí donde esté habrá vuelto a encontrarse con su querido Juan, el gran amor de su vida. Pensar en ese reencuentro ofrece un pequeño consuelo a quienes seguimos echándola tanto de menos.
Hoy, un año después, Marbella continúa recordándola. Sus amigos seguimos pronunciando su nombre con el mismo cariño. Y quienes tuvimos la inmensa fortuna de formar parte de su vida seguimos sintiendo que nos falta algo cada vez que llega el verano.
Hay personas que mueren dos veces: el día en que se marchan y el día en que dejan de ser recordadas. Remedios del Río nunca conocerá esa segunda muerte, porque seguirá viviendo en la memoria y en el corazón de todos los que tuvimos el privilegio de quererla.








